Pasando la tarde en una pelea de gallos

Esta mañana, como el mar estaba como un plato, he agarrado mi cámara y me he ido de fotógrafa loca por mi barrio, Canggu. No me ha hecho falta irme muy lejos de mi casa para encontrarme con un vecindario con pinta de local, justo lo que necesitaba. He tirado la moto por ahí y he pedido permiso en una zona de viviendas para hacer las fotos. Extrañamente, la familia hablaba inglés, así que después de las típicas preguntas triviales de “where are you from?” y “where are you staying?” y viendo mi interés por lo que se hacía y deshacía fuera del mundo guiri, me han invitado a una pelea de gallos.

La idea me ha encantado desde el principio a pesar de mis convicciones en cuanto al tema de las matanzas animales gratuitas. Así que he enganchado a uno de mis colegas y para allá que hemos vuelto esta tarde.

Su cara ha sido un cuadro desde que nos hemos adentrado en la zona “cock fighting”. Bueno, y he de reconocer que la mía también. Estaba lleno hasta arriba de locales que nos miraban de arriba abajo pero sin ningún tipo de mal rollo, simplemente extrañados por encontrar a dos bulés en su barrio, algo que, al parecer, no ocurre muy a menudo. Cruzamos un descampado esquivando motos y restos de palmeras derrumbadas para llegar a lo que podríamos llamar “ring” que, básicamente, era una construcción de bambú y techo de plástico atada con cuerdas de todo tipo. A pesar de ello, parecía bastante estable y como era imposible ver nada (y más teniendo en cuenta las limitaciones de mi altura), no dudamos en subirnos a lo que parecían ser las gradas. Mi colega y yo no habíamos abierto la boca hasta que nos paramos a echar un vistazo más detenidamente: eran todo hombres balineses, de todas las edades, hablando a gritos, con o sin gallos entre los brazos y fumando como carreteros. “Man, menos mal que no has venido sola aquí, ¡no hay ninguna mujer!”. La verdad, es que si hubiese venido sola no me hubiese sentido tan cómoda, pero me hubiera quedado igual, había cero hostilidad hacia nuestras personas.

Como ya os he comentado en alguna de las anteriores entradas, el orden general no es lo que impera en este país

Como ya os he comentado en alguna de las anteriores entradas, el orden general no es lo que impera en este país

Nuestra posición era la misma en uno de los laterales. Queda más que claro que (afortunadamente) a nadie le perturbaba nuestra presencia.

Nuestra posición era la misma en uno de los laterales. Queda más que claro que (afortunadamente) a nadie le perturbaba nuestra presencia.

Una vez instalados, saqué la cámara, no sin antes preguntar. En nuestra situación de dos contra cien casi mejor era no buscar problemas. A nadie le importaba nada lo que hiciera, siempre y cuando no llamara a la POLISI, medio entendí entre risas, “tidak polisi, man”. Nada de policías, estaba claro que si había que empapelar a alguien iba a ser a nosotros por guiris cotillas.
Salté la vallita de bambú para acercarme a ver como preparaban a los gallos. Todos tenían un tamaño considerable y un plumaje que iba desde un verde intenso al puro blanco jaspeado. Ante las miradas de atentas de los locales, que no me quitaban ojo, me detuve delante de dos chicos. Uno de ellos estaba sujetando al animal mientras el otro le enrollaba un hilo rojo grueso y largo alrededor de la parte trasera de la pata, lugar en el que se coloca una hoja metálica muy afilada a modo de espolón. Básicamente, con esa cuchilla es con la que se dan muerte entre las dos aves que participan en la lucha. Una brutalidad, pero no tenía tiempo de pensar en moralidades, estaba absolutamente atónita. El otro animal ya estaba preparado, así que todo listo para empezar. La arena estaba llena de  gente pero, con mucha amabilidad y casi cariño, me pidieron que, por favor, me colocara detrás de la barrera para evitar cortes con los espolones si los gallos salían del centro del ring. Esta gente es lo más.

Teniendo en cuenta el tamaño del cuchillo, la pelea puede limitarse a tan solo una estocada.

Teniendo en cuenta el tamaño del cuchillo, la pelea puede limitarse a tan solo una estocada.

Este pobre pollo se quedaba dormidito en brazos de su amo antes de la pelea. Y así le sucedió...

Este pobre pollo se quedaba dormidito en brazos de su amo antes de la pelea. Y así le sucedió…

Volví a subirme a la vallita al lado de mi colega, “Crazy man, crazy!”, (estábamos los dos flipando) y, de repente, todos empezaron a vociferar. Los propietarios exhibían sus gallos dando vueltas alrededor de la arena, mientras un hombre iba pidiendo a los asistentes que entregasen el dinero de sus apuestas. “Langsung” y “Malung” era todo lo que se podía escuchar, al mismo tiempo y mientras agitaban la mano derecha o izquierda, entremezclado con los sonoros escupitajos al suelo (y mis arcadas) y el olor a pitillo de tabaco negro. Las rupias volaban de un sitio al otro sin ningún tipo de sentido. “¡Esto es muy fuerte, Martin!” “Yo creo que va a ganar el de la izquierda, ¡está mosqueadísimo!”

Este era el figura que animaba a que todos se dejaran la pasta, ya que, de todas las ganancias él se lleva un 10% de las taxes de cada apuesta.  Por ejemplo, si apuestas 100.000 Rupias y ganas, te llevarías el doble de tu apuesta, 200.000 Rp. y el recaudador 10.000 Rp.

Este era el figura que animaba a que todos se dejaran la pasta, ya que, de todas las ganancias él se lleva un 10% de las taxes de cada apuesta.
Por ejemplo, si apuestas 100.000 Rupias y ganas, te llevarías el doble de tu apuesta, 200.000 Rp. y el recaudador 10.000 Rp.

Pollos listos, dinero listo, todo listo. Los dueños se colocaron uno enfrente del otro, separados solo por sus animales y una ofrenda que humeaba al mismo ritmo que los locales y observaba tan atenta a lo que sucedía como nosotros. Ambos se pusieron de cuclillas y comenzaron a acercar a ambos animales bruscamente, sin dejar de soltarlos. Les tiraban de las plumas del cuello para enojarles y volvían a juntarlos, propiciando algún primer picotazo al contrincante. Y así varias veces. Cuando la tensión gallil se respiraba en el ambiente y después de una cuenta atrás en balinés, dejaron a los gallos sueltos. A mí solo me faltó la campanita para creerme que estaba en un combate de boxeo. Llevaba 20 minutos pero ya estaba supermetida en el rollo. Dios, a ver cómo es esto ahora… Los gallos se tiraron en uno a por el otro sin compasión, a picotazo limpio y con la total inconsciencia de no saber que en sus extremidades portaban verdaderas armas letales.

Cuando el plumaje del gallo se separa del cuello, significa que está listo para comenzar la pelea.

Cuando el plumaje del gallo se separa del cuello, significa que está listo para comenzar la pelea.

Increíble la altura que alcanzan cuando atacan.

Increíble la altura que alcanzan cuando atacan.

Tres revolcones y siete picotazos más tarde, uno de los gallos empezaba a desfallecer y, después de otra cuenta atrás, los dueños los volvieron a agarrar. El que tenía el gallo que iba con las de perder, morreó literalmente a su animal, para insuflarme aire directamente en los pulmones y reanimarle. También le echó algún que otro escupitajillo, le tiró de las plumas y revisó la gravedad de algunas de las heridas. Todo esto muy rápido, como en cosa de diez segundos, tras los cuales comenzó el segundo asalto. Duró poco, incluso menos que el descanso. El gallo alfa propinó un cuchillazo al gallo morreo y listo. Rápido y con menos sangre de por medio de la que imaginaba. Y otra vez griterío y escupitajos (y arcadas) por doquier. El recaudador sacó la bolsita mágica con el dinero y comenzó a repartir las ganancias entre los afortunados que había tomado la decisión correcta. El gallo muerto, mientras nadie tenía un mínimo de compasión por él, yacía en el suelo, dándole los últimos espasmos. Pobrecito animal…Alguién lo agarró y se lo llevó fuera de la arena donde lo desplumaron, descuartizaron y lo dejaron listo para meterlo en el puchero. Qué rica cena, coleguitas del Pelan.

Cock fighting

PINTAZA

PINTAZA

Parecía que la cosa estaba más calmada y que no estaba pasando mucho. Ahora, otros cuatro dueños estaban comparando a sus cuatro animales para que las siguientes dos peleas fueran lo más equitativas posibles, así que saltamos de nuestro palco particular y nos fuimos a husmear por la zona izquierda del descampado: el casino.

A ver, no era un casino como tal. Era, básicamente, una manta gordota y llena de mierda donde un crupier local improvisado movía un cubo y repartía unas cartas. Incomprensible. Igual de incomprensible que la cantidad de pasta que volvía a sobrevolar delante de mis ojos. Fajos de 500.000, 200.000 rupias (30€ – 12€), en billetes de 100 y 50.  Cantidades muy grandes de dinero, teniendo en cuenta el nivel de vida de aquí. Pero iba a tutti, para que luego  digan que aquí no hay pasta, madre mía. Sobre el funcionamiento del juego no podría deciros nada porque nadie fue capaz de explicármelo a pesar de mis preguntas (a veinte personas distintas) y haber consultado en la red, pero, cada vez que el crupier destapaba el cubo y dejaba ver unos dados bastante vistosos, la pasta volvía a desaparecer del suelo para situarse en otra bolsa mágica o en el bolsillo de los ganadores. Nos ofrecieron apostar, pero ninguno de los dos estábamos en la situación de hacerlo. Ni económicamente, ni por el propio desconocimiento.
Casino Casino

Volvío el jaleo al ring, así que corrimos para allá de nuevo. Un local me dio palique y me ofreció un pitillo. Me preguntó si mi colega era mi novio, para variar. Yo para variar, dije que sí… quién sabe, por si las mosquis. Y ya la conversación empezó a fluir. Nos contaron que celebraban peleas y casino TODOS los días, a no ser que la policía apareciese con las tijeras de cortar el rollo. El resto de la conversación se limitó a los asuntos triviales que ya conocéis y a echarnos unas risas haciendo apuestas ficticias (he de reconocer que se me da de miedo calar a los pollos más locos de Bali…me quedé hasta con ganas de apostar, jaja). Y de nuevo, otro combate. Y así seis o siete veces.
Entre visita y visita al casino, nos entraron la ganas de merendar, así que nos acercamos a uno de los puestitos de comida que había a los laterales. “Mira eso, es como un donuts!!” Nuestro entusiasmo se debe a que aquí, eso de ver un donuts glassé como que no…y de chocolate, mucho menos. Así que pillamos dos pero, por supuesto, esta vez no iba a ocurrir algo inaudito y delicioso…¡¡¡ERAN DOS FUCKING HUEVOS COCIDOS CON SAL COSTRADA EN LA CASCARA!!! Nos reimos por no llorar o matar a alguien, ya que nos soplaron diez mil rupias por la gracia (FUCK!!). Pero bueno, éramos los bulés de turno y aquí, el juego, es así… así que, con cara de idiotas y ganas de dulce, volvimos a ver lo que se comentaba que era la última batalla del día.

Visto así, tiene pinta de cualquier cosa menos de un bollo con azúcar glass. Pero creo que después de cuatro meses echando de menos la comida de tu país, ¡ves delicias donde no las hay! ¡¡Mandadme un paquetito de algo, Dios!!

Vale, visto así, tiene pinta de cualquier cosa menos de un bollo con azúcar glass. Pero creo que después de cuatro meses echando de menos la comida de tu país, ¡ves delicias donde no las hay! ¡¡Mandadme un paquetito de algo, por Dios!!

Todo transcurrió igual que las otras veces, pero, en esta ocasión, los gallos parecían especialmente agresivos. Fue una pelea larga y con mucha más sangre que las otras dos. En uno de los breves descansos, uno de ellos ya estaba bastante matarile, pero aún así, retomaron el encuentro. El pollo alfa número 7 se tiró, espolín por delante, hacía el pollo matarile, clavándole el cuchillo bastante profundamente en el pecho. Tanto, que al intentar separar a los dos ejemplares, el espolón no salía hacia afuera. Lo sacaron, la sangre empezó a brotar y a mi me dio otra arcada…¡Menuda tardecita! El pollo muerto, como siempre, ahí se quedó, muerto y tieso y el ganador salió triunfante a casa en limusina con su dueño como chófer.

Hoy pollo alfa se ha librado, veremos mañana...

El transporte del ganador  consta de una bolsa de plástico del Indomaret  con un par de aberturas para la cabeza y la cola…jajajajajajaja casi nos morimos de la risa cuando lo vimos.

Sigo pensando que es una brutalidad que hagan esto a unos pobres animales. Desde tenerlos encerrados, hasta permitir que se maten a cuchillazos. Al igual que los toros, me parece un maldito asco. Pero, he de reconocer (y que nadie me fulmine por esto), que me lo pasé de miedo. Está gente hace que cada experiencia sea una inmersión. Saben que eres diferente y te respetan, pero intentan que formes parte de su cultura como uno de ellos. Tanto, que para mañana tenemos otra invitación. Pero esta vez ya nos lo han avisado: tenemos que traer dinero.

Pelan, pelan, coleguis!!

Me ofrecieron hacerme la foto cogiendo al gallo pero oye, como que sigo siendo yo muy de ciudad.

Me ofrecieron hacerme la foto cogiendo al gallo pero oye, como que sigo siendo yo muy de ciudad. Estoy espantosa, pero la foto es lo más 😀

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