El mejor saté de Bali se come en la calle

Cuando fui al Centro de Salud de “La Conce”, mi barrio de Madrid, para que me informaran sobre las vacunas que debía de ponerme antes de marcharme, lo primero que hicieron fue endiñarme lo que se supone que iba a ser mi nueva (y primera) Biblia: La Guía del Viajero. La verdad, es que la guardé en el bolso sin más y con los ojos como platos, ya que cinco iban a ser ni más ni menos los chutes medicinales que iba a tener que darme… ¿pero a dónde narices me estoy yendo?

Entre las recomendaciones que te ofrece este Libro se encuentra repetida varias veces, la de no comer frutas ni verduras crudas ni comida en general en puestos callejeros. He de reconocer  que al principio me lo tomé super en serio…hasta, al igual que ocurrió cuando fui al mercado, que pensé:  si ellos lo comen y no se mueren, ¿qué me puede pasar a mí? Y caes. Y ya no hay retorno. La comida callejera en Bali es uno de los manjares más suculentos, baratos y deliciosamente grasientos que la Isla ofrece. Especialmente y hablando con el corazón en el estómago, mi favorito, el Saté o Satay.  Pero no un saté cualquiera. No,no,no, coleguitas del Pelan. El saté más sabrosón es el que nos ofrecen nuestros amigos del cruce de Raya Batu Bolong con el que lleva a Eco Beach. Os explico de qué va esta delicia.

La pinta puede dejar mucho que desear, lo sé.

La pinta puede dejar mucho que desear, lo sé.

El saté es como un pinchito moruno. Aquí, en Indonesia, puede estar hecho de pollo, ternera o cerdo, pero en otros países asiáticos como Thailandia, Malasia, Singapur o Filipinas también se puede encontrar de gambas, pescado o incluso de cocodrilo o serpiente. Por aquí también se rumorea que, a veces, te cuelan saté de perro, utilizando la carne de los míticos “Bali dogs”, de los que ya os hablaré. Pero vaya, si en mi sitio preferido me lo están poniendo de perro, tampoco os creáis que lo voy a dejar de comer.

A lo que vamos. Estos trocitos de carne se colocan en un pincho, después de haber estado marinando durante varias horas en una mezcla que contiene entre otros ingredientes,  salsa de soja, aceite de girasol, ajo, cebolla, djinten (comino), ketumbar (cilantro), sal y pimienta. Una vez los taquitos de carne han cogido bien de sabor, se colocan en sticks, que suele ser de coco, para pasar a unas brasas de carbón. Ahora, es cuando la maestría del cocinero local entra en verdadera acción. Como podéis ver en la foto, el chef se dedica a abanicar las brochetas, literalmente, hasta que están bien hechas por dentro y por fuera, adopatando este color tan apetecible (ya no os quiero contar sobre el olor). Sin prisa y con calma, al más puro estilo balinés.

 

Sería capaz hasta de enamorarme de este hombre sólo por lo bien que huele.

Sería capaz hasta de enamorarme de este hombre sólo por lo bien que huele.



Otro de los factores importantes para que el saté esté rico, rico es la salsa que le acompaña. Salsita de cacahuetes, leche de coco, cebolla y chili, para darle un punto picantito.
Y, como buen plato asiático, aquí el arroz no puede faltar (no vaya a ser que les de algo por variar. Dios, me sale por las orejas). En esta ocasión, en su versión sticky, que se prepara envuelto en una hoja de palmera para después cocerlo. Cuanto te lo sirven, se deselvuenve en una pieza y se corta con un cuchillo para que sea más fácil de comer con ayuda de los pinchos de madera que sobran después de haberte comido la carne. Aquí lo del tema de los cubiertos pues como que no, no me seáis fisnos.

salsa

Salsita y chilis

Sticky rice

Sticky rice

Por un lado te ponen los pinchitos, por otro el arroz y en un lateral la salsa. ¡Y ya está!. Una cena con orgasmo gastronómico asegurado por 15.000 Rp. (casi un euro). Habitualmente, suelo llevarme mi paquetito de saté a la playa de Batu Bolong mientras veo el atardecer y a los surferos que están pillando las últimas olas del día. O bien, hacerlo como estos amigos, sentados en las confortabilísimas y colorodidas plastiquisillas que el puesto proporciona.

Qué majetes. qué contentos se les ve!

Qué majetes. qué contentos se les ve!

Así que lo dicho, amigos. La guía del viajero es bien, pero sólo para echarle un vistazo y no hacerle el feo al médico cuando te la da con todos su cariño. Pero tampoco le hagáis mucho caso. Al fin y al cabo, y sin saber ni como, acabarás, casi 100%, dos días de tu viaje en la cama porque te duele la barriga. Se llama BALI BELLY. Pasa siempre y nadie se muere. Dejadlo fluir y comentádselo a algún local de vuestro lugar de alojamiento. Os prepararán una especie de papilla de, como no, arroz y un té calentito que debéis ir tomando a sorbitos. Mucha hidratación y si tenéis la oportunidad, muchos mimitos son la fórmula infalible para poder continuar con el viaje.
No te cortes. Pruébalo todo porque merece la pena.  Aunque al final te darás cuenta de que te tiras el día entero comiendo. ¡Un gusto!

 Pelan,pelan, coleguis!!

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