Mi incursión en el Ubud Market

A los pocos días de llegar a Ubud, con el calor que aquí hace y con la poca ropa que he podido traerme, no me quedó más remedio que llevarla  a la lavandería, ya que en mi habitación no disponía de lavadora. Bueno, ni de lavadora, ni de cocina, ni de toallas limpias, ni de un armario donde dejar mis cosas. Solo bichos y suciedad de todos los tamaños y colores.

Cuando Made, el chico encantadorcísimo del staff (y sin papa de inglés), me trajo la bolsita con la ropa todo me pareció muy normal, salvo un par de camisetas que había vuelto un poco fritas. De esperar.  La colada me salió como por unas 17.000 rupias, algo más de un euro.

El caso es, que a los cinco o seis días de estar utilizando mis cositas limpias, me di cuenta de que me había vuelto a quedar sin ropa interior. Imposible, pensé (ja!). Revisé la maleta, EL cajón (sí, solo tenía uno) y la bolsa de la ropa sucia por si se me había olvidado enviar parte a lavar. Nada. Lavé a mano lo que pude y lo dejé estar.

Después de no demasiados días, comenté lo que me había pasado entre algunas de mis amigas. ¿Pero cómo se te ocurre llevar la ropa interior a la lavandería?. No answer. ¿A que te han robado las más monas? Mmm…pues sí, haciendo recuento mental de lo que me faltaba, caí en la cuenta de que las que me quedaban eran las de algodón y dibujos horteras y que las que habían desaparecido eran todas las de puntilla, encaje y demás detalles erótico-festivos. ¡Hay que joderse! Bueno, pues tendré que ir a comprarme nuevas, pero ¿a dónde?

Preguntaba a mis compañeras del trabajo que son todas locales. Y nada. Pregunté en el homestay, que también eran locales. Y tampoco. Pero qué pasa ¿Qué aquí nadie lleva bragas?
Decidí entonces, tomarme la justicia por mi mano y me lancé a la calle. Con la cantidad de tiendas que hay, en algún sitio tendrá que haber…Me mandaron a una tienda en la que cada pieza costaba casi 20 euros, así que opción descartada, además de que eran bastante feas. Al final, preguntando, acabé en el Ubud Market, una de las atracciones turísticas principales, tal y como os conté en el post anterior

Ubud Market

La verdad es que cuando entras ya choca la cantidad de “de todo” que puedes encontrar en unos pocos metros: camisetas, sharongs, sombreros, gafas, adornitos hechos a mano para la mesa, la pared, el suelo, la cama, comida…casi de todo lo imaginable y aprovechando el espacio al milímetro. Eso, y señoras  reclamando tu atención, “Hello miss, sharong?” “Wanna see, lady?” “Good Price, good Price.”. Locura.  En todas las tiendas hay más o menos lo mismo, así que, como clienta, supongo que el éxito de cada puesto dependerá del atractivo de lo que haya colocado en la parte más exterior y de la capacidad de vender y negociar del propietario.  Aquí cada uno practica el marketing a su manera.

Siete propuestas rechazadas después, conseguí dar con una niña que hablaba en inglés. Más o menos. “Underwear please?” Y se puso a enseñarme pantalones.” No, underwear.” Y pasó a las faldas. Señalé mis pantalones y pasó a los vaqueros. Me ahuequé el pantalón y le enseñé el borde de mi ropa interior. “Ohhh, ohhhh!!” Y, ruborizada y casi pegada al techo del susto, me dijo que no tenía de eso, pero que tenía una amiga que sí. Dios, ¡¡por fin!!  Me hizo un recorrido completo por todo el laberíntico mercado hasta que llegamos.

Si acercáis un poco la imagen, podréis descubrir que justo al lado de los utensilios de cocina puedes encontrar gafas de plástico, abanicos o un juego de café.

El sitio estaba en la segunda planta, después de todos los puestos de comida y cosméticos. Le di las gracias por la ayuda y se fue corriendo aún asustada por lo que había visto minutos antes. Me puse a cotillear y ahora la que estaba asustada era yo. ¡Qué espanto! Lo único que podía ver eran bragotas de flores, rosas, verdes y mucho, mucho beige. Ni rastro de un tanga o de algo que pudiera no ser un paracaídas. Excuse me, thongs? Y la mujer, poniéndome cara de “¿qué pasa picaruela, hoy pillas o qué?”, me sacó un paquete de su selección de bragas más X. “Sexy eh?” Me dijo.” Boyfriend in Bali?” Más me gustaría, pero le dije que sí para evitar que nadie más se asustara por hoy.  Después de mucho buscar algo en negro, elegí dos, las más cantosas que encontré y uno de los lujuriosos tangas para ir saliendo del paso (no podía irme sin una pieza así para mi colección, ¿vale?). Qué horror, cómo se me va a marcar esto con los vaqueros. Menos mal que nadie me va a ver con esto puesto… Pagué 35.000 Rp. Por las tres (algo más dos euros) y me fui, comprendiendo, muy a mi pesar, que al pertenecer una buena parte de la población a la religión musulmana, el exceso de tela en la ropa interior tiene toda su lógica.

Chica, ¡¡QUÉ MARAVILLA!! Yo creo que si la estiro un poco más me cubre hasta la mitad de la rodilla.

Chica, ¡¡QUÉ MARAVILLA!! Yo creo que si la estiro un poco más me cubre hasta la mitad de la rodilla.

Al salir, a pesar de mi falta de éxito, pude encontrarme con parte de la población local de Ubud, que estaba preparada para la ceremonia.

IMG_2217

Así que nada, compañeros, confieso que me he pasado irremediablemente al Bridget Johnismo existencial con estos resultados.

+18
Lo sé, preciosas. Eso sí, ahora estoy más que segura de que ahora no me las van a quitar en la lavandería 😉

Pelan, pelan coleguis!

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2 comentarios en “Mi incursión en el Ubud Market

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